¿Por qué recordamos unas cosas y olvidamos otras? ¿Cómo funciona la memoria?

Hay recuerdos que parecen imposibles de borrar. Una canción nos devuelve de repente a un lugar, un olor nos transporta a la infancia o una conversación ocurrida hace décadas permanece en nuestra cabeza con una claridad sorprendente. Sin embargo, podemos olvidar dónde hemos dejado las llaves hace apenas unos minutos o el nombre de alguien que acabamos de conocer.

La explicación está en que la memoria humana no funciona como una cámara que registra todo lo que sucede. Es un sistema mucho más complejo: selecciona información, la organiza, la relaciona con conocimientos anteriores y, con el paso del tiempo, puede modificarla. Recordar no consiste simplemente en recuperar un archivo almacenado, sino en reconstruir una experiencia a partir de diferentes elementos.

Para preparar este artículo he consultado información divulgativa y científica del National Institutes of Health y de otros organismos especializados en neurociencia y sueño, así como de diversos artículos relacionados con la memoria. Las investigaciones permiten entender mejor por qué algunas experiencias se consolidan mientras otras desaparecen, y por qué dormir tiene un papel tan importante en este proceso.

¿Por qué recordamos unas cosas y olvidamos otras?

La memoria funciona mediante un proceso de selección. El cerebro recibe constantemente una cantidad enorme de estímulos, pero no todos reciben la misma atención ni terminan convirtiéndose en recuerdos duraderos.

La atención es uno de los primeros filtros. Aquello que nos interesa, nos sorprende, nos emociona o consideramos importante tiene más posibilidades de ser recordado. Por el contrario, una información a la que apenas prestamos atención puede desaparecer rápidamente.

Esto explica una situación cotidiana: podemos recordar perfectamente una conversación que nos impresionó y, al mismo tiempo, ser incapaces de recordar qué hicimos durante una tarde aparentemente normal.

Olvidar, por tanto, no significa necesariamente que la memoria esté funcionando mal. En muchos casos forma parte de su funcionamiento normal.

La memoria no es un archivo que permanece intacto

Uno de los aspectos más interesantes de la memoria es que los recuerdos no permanecen necesariamente idénticos desde el momento en que se forman.

Cuando recordamos algo, nuestro cerebro reconstruye la experiencia utilizando diferentes fragmentos de información. Pueden intervenir imágenes, sonidos, emociones, conocimientos posteriores e incluso otros recuerdos relacionados.

Esto tiene una consecuencia importante: podemos estar completamente convencidos de recordar algo y, aun así, tener una versión parcialmente incorrecta de lo ocurrido.

La seguridad con la que recordamos un acontecimiento no garantiza que todos sus detalles sean exactos.

¿Por qué ocurre?

Imaginemos que conocemos a una persona por primera vez en una reunión. Recordamos su cara, el lugar y parte de la conversación. Tiempo después, podemos incorporar a ese recuerdo información que conocimos posteriormente o mezclarlo con otra situación parecida.

El resultado puede parecer perfectamente coherente en nuestra cabeza, aunque algunos detalles hayan cambiado.

La memoria, en este sentido, es más parecida a una reconstrucción que a una grabación.

¿Qué papel desempeña el cerebro en la formación de recuerdos?

La memoria no depende de una única zona del cerebro. Diferentes regiones participan en la formación, almacenamiento y recuperación de la información.

Una estructura especialmente importante es el hipocampo, relacionado con la formación de nuevos recuerdos y con la organización de experiencias. Otras regiones participan en aspectos diferentes, como las emociones, los movimientos aprendidos o el reconocimiento.

Esto ayuda a comprender por qué existen distintos tipos de memoria.

Podemos recordar conscientemente una conversación, aprender una habilidad como montar en bicicleta o reconocer una melodía sin ser capaces de explicar exactamente por qué nos resulta familiar.

No existe, por tanto, una única memoria, sino diferentes sistemas que trabajan de manera coordinada.

Mujer reflexionando sobre sus recuerdos

¿Por qué una canción o un olor pueden despertar recuerdos tan intensos?

Hay recuerdos que parecen estar escondidos hasta que aparece un estímulo capaz de activarlos.

Una canción, un perfume, el olor de una comida o incluso una determinada temperatura pueden provocar la sensación de estar regresando a un momento del pasado.

Esto ocurre porque las experiencias no se almacenan de forma completamente aislada. Los recuerdos están relacionados con elementos del contexto en el que fueron adquiridos.

Un olor concreto puede estar asociado a una casa, una persona o una etapa de nuestra vida. Cuando volvemos a percibirlo, puede activar asociaciones que permanecían fuera de nuestra atención consciente.

El resultado puede ser sorprendentemente intenso.

Por eso algunos recuerdos no aparecen cuando intentamos buscarlos directamente, pero regresan de manera espontánea cuando encontramos la pista adecuada.

¿Por qué las emociones hacen que recordemos mejor algunas cosas?

No todos los acontecimientos tienen el mismo peso emocional.

Una experiencia que nos produce miedo, alegría, sorpresa o tristeza puede quedar especialmente marcada. Las emociones influyen en la forma en que prestamos atención a lo que ocurre y en cómo posteriormente consolidamos determinados recuerdos.

Esto no significa que un recuerdo emocional sea necesariamente más preciso en todos sus detalles. De hecho, podemos recordar con mucha intensidad lo esencial de una experiencia y equivocarnos en aspectos secundarios.

La emoción puede hacer que algo resulte memorable sin convertirlo en una reproducción exacta de lo ocurrido.

Esta diferencia entre intensidad y precisión es importante. Sentir que recordamos algo con enorme claridad no demuestra que cada detalle sea correcto.

El sueño y la memoria están mucho más relacionados de lo que parece

Dormir no consiste simplemente en desconectar durante unas horas.

La investigación científica ha mostrado que el sueño participa en procesos relacionados con el aprendizaje y la memoria. Durante el descanso, el cerebro continúa trabajando con información adquirida durante la vigilia.

Las diferentes fases del sueño parecen desempeñar funciones distintas. El sueño no REM y el sueño REM están relacionados con procesos que afectan al aprendizaje, la consolidación de recuerdos y el procesamiento de información.

(Nota: el sueño REM es una fase en la que el cerebro sigue trabajando intensamente mientras dormimos y que está relacionada con el procesamiento de información, emociones y determinados aspectos de la memoria).

Durante el sueño pueden reactivarse patrones de actividad asociados con recuerdos recientes. Este proceso ayuda a estabilizar determinadas informaciones y a integrarlas con conocimientos anteriores.

Por eso estudiar algo y dormir adecuadamente después puede ser más útil que intentar prolongar indefinidamente el aprendizaje sacrificando horas de sueño.

El descanso no es tiempo perdido para la memoria. Forma parte del proceso.

¿Dormir también sirve para olvidar?

Aquí aparece una de las partes más curiosas de la investigación sobre memoria.

Existen investigaciones que sugieren que determinados procesos relacionados con el sueño pueden favorecer el debilitamiento o eliminación selectiva de información que no resulta relevante. Sin embargo, no debe interpretarse como que el cerebro tiene un mecanismo sencillo que decide conscientemente qué recuerdos borrar.

Algunos estudios experimentales en animales han encontrado mecanismos relacionados con el debilitamiento de determinadas conexiones durante el sueño. También se ha estudiado el posible papel del sueño REM en el olvido de información considerada poco relevante.

La idea resulta interesante porque plantea una posibilidad aparentemente contradictoria: quizá dormir no solo ayude a recordar, sino también a olvidar lo que no necesitamos.

Y tiene sentido desde un punto de vista funcional. Si nuestro cerebro conservara con la misma intensidad cada conversación, imagen, sonido y sensación experimentados durante el día, recuperar información importante sería mucho más difícil.

Olvidar puede ser una forma de hacer espacio.

¿Por qué olvidamos lo que acabamos de hacer?

Los olvidos cotidianos suelen tener explicaciones mucho menos misteriosas de lo que pensamos.

Si dejamos las llaves en un lugar mientras estamos pensando en otra cosa, es posible que la acción se haya realizado con muy poca atención. El problema no tiene por qué estar en la memoria, sino en la fase inicial de registro de la información.

Algo parecido ocurre cuando entramos en una habitación y olvidamos inmediatamente para qué lo hicimos.

La atención puede haberse desplazado hacia otro estímulo y la intención original pierde fuerza.

Por eso, antes de pensar que tenemos mala memoria, conviene preguntarse si realmente prestamos atención a aquello que pretendíamos recordar.

¿La memoria empeora inevitablemente con la edad?

No todos los cambios relacionados con la edad significan enfermedad.

Con el paso del tiempo pueden producirse modificaciones en determinados procesos cognitivos y algunas personas experimentan más dificultades para recuperar información rápidamente, aprender determinados contenidos o mantener varias cosas en la mente al mismo tiempo.

Pero esto no significa que toda pérdida de memoria sea inevitable ni que cualquier olvido sea una señal de deterioro grave.

Además, la experiencia acumulada puede compensar algunas dificultades. Una persona puede tardar más en recordar un nombre concreto y, al mismo tiempo, disponer de un enorme conocimiento sobre situaciones, conceptos y experiencias adquiridas durante décadas.

La memoria no es una capacidad única que simplemente sube o baja. Tiene diferentes componentes.

Cuando los problemas de memoria son importantes, progresivos o interfieren claramente en la vida cotidiana, la valoración profesional es mucho más adecuada que intentar interpretarlos por nuestra cuenta.

¿Se puede mejorar la memoria?

La memoria no es completamente rígida. Hay estrategias que pueden facilitar el aprendizaje y la recuperación de información.

Prestar atención, relacionar los datos nuevos con conocimientos previos, practicar la recuperación de lo aprendido y dormir suficientemente son algunas de las estrategias que cuentan con respaldo científico.

También puede ser útil dividir información compleja en partes más manejables y utilizar asociaciones significativas.

Por ejemplo, si queremos recordar una lista de elementos, puede resultar más sencillo agruparlos por categorías que intentar memorizar una sucesión sin relación aparente.

La clave no está en obligar al cerebro a almacenar más información, sino en facilitar que pueda organizarla y recuperarla posteriormente.

El curioso caso de los recuerdos que nunca ocurrieron exactamente así

Uno de los aspectos más fascinantes de la memoria humana es la posibilidad de desarrollar recuerdos falsos o parcialmente modificados.

Esto no significa que una persona esté mintiendo.

Puede recordar sinceramente algo que no ocurrió exactamente de esa manera. La memoria puede verse influida por conversaciones posteriores, expectativas, información recibida después del acontecimiento o por la mezcla de experiencias similares.

Este fenómeno demuestra algo fundamental: recordar no equivale necesariamente a reproducir.

Nuestra memoria intenta construir una historia coherente a partir de la información disponible. Y en ese proceso puede introducir modificaciones sin que seamos conscientes de ellas.

Por eso resulta prudente desconfiar de una idea muy extendida: que cuanto más vivo es un recuerdo, más exacto tiene que ser.

La viveza y la precisión son cosas diferentes.

¿Qué es el déjà vu y por qué creemos haber vivido algo antes?

Hay una sensación especialmente curiosa relacionada con la memoria: entrar en un lugar, mantener una conversación o vivir una situación completamente nueva y, de repente, tener la impresión de que aquello ya ha ocurrido exactamente así. Es el conocido déjà vu, una expresión francesa que significa «ya visto».

El déjà vu se describe como una sensación de familiaridad con una experiencia que, aparentemente, estamos viviendo por primera vez. No significa necesariamente que realmente hayamos vivido esa situación antes.

Una de las explicaciones estudiadas relaciona el fenómeno con los sistemas cerebrales encargados de reconocer situaciones familiares. En determinadas circunstancias, el cerebro podría generar una sensación de familiaridad sin que exista un recuerdo concreto que explique por qué nos resulta conocida esa experiencia.

Por eso el déjà vu resulta tan desconcertante: sentimos que estamos recordando algo, pero no conseguimos identificar qué recuerdo es.

No existe una explicación única y completamente demostrada para todos los casos de déjà vu. Se han propuesto diferentes mecanismos relacionados con la memoria, la percepción y el procesamiento de la familiaridad.

Lo interesante es que este fenómeno vuelve a mostrarnos que sentir que algo nos resulta conocido no es exactamente lo mismo que recordarlo. Nuestra memoria no solo recupera experiencias; también genera sensaciones de familiaridad que pueden aparecer incluso cuando no encontramos un recuerdo concreto detrás de ellas.

Quizá por eso el déjà vu produce una sensación tan extraña: durante unos instantes, nuestro cerebro parece decirnos «esto ya lo conozco», mientras nuestra experiencia consciente responde «pero si es la primera vez que estoy aquí».

La memoria nos ayuda a ser quienes somos

Recordar no sirve únicamente para aprobar un examen, aprender un nombre o saber dónde hemos dejado las llaves.

Nuestra memoria también participa en la construcción de nuestra identidad.

Las experiencias que recordamos contribuyen a formar la idea que tenemos de nosotros mismos. No solo importa lo que ocurrió, sino también qué acontecimientos conservamos, cuáles olvidamos y cómo interpretamos posteriormente nuestra propia historia.

Eso explica en parte por qué dos personas pueden vivir una misma situación y conservar recuerdos muy diferentes de ella.

Cada una presta atención a elementos distintos, siente emociones diferentes y relaciona lo sucedido con experiencias anteriores.

La memoria, por tanto, no solo conserva nuestro pasado. También influye en la manera en que lo entendemos.

Preguntas frecuentes

¿Por qué olvidamos algunas cosas y recordamos otras?

La memoria selecciona información. La atención, la importancia personal, las emociones, la repetición, el contexto y el sueño influyen en qué experiencias terminan consolidándose como recuerdos más duraderos.

¿Dormir ayuda a recordar mejor?

Sí. El sueño participa en procesos relacionados con el aprendizaje y la consolidación de la memoria. Dormir adecuadamente después de aprender puede favorecer la estabilización de la información.

¿Los recuerdos pueden cambiar con el tiempo?

Sí. Los recuerdos pueden modificarse durante su recuperación y por la incorporación de nueva información. Por eso podemos recordar sinceramente un acontecimiento sin reproducir todos sus detalles con exactitud.

¿Por qué un olor puede hacernos recordar algo de hace muchos años?

Porque los recuerdos están asociados con diferentes elementos del contexto. Un olor puede actuar como una pista que reactive asociaciones vinculadas con una experiencia pasada.

¿Olvidar es malo?

No necesariamente. Olvidar forma parte del funcionamiento normal de la memoria y puede ayudar a evitar que la información irrelevante interfiera con aquello que necesitamos recordar.

Conclusión: recordar también significa olvidar

La memoria humana es mucho más interesante que un simple almacén de recuerdos.

Recordamos porque nuestro cerebro selecciona, organiza, relaciona y consolida información. Olvidamos porque no todo lo que vivimos necesita permanecer con la misma intensidad. Y, en ocasiones, modificamos nuestros recuerdos sin darnos cuenta porque recordar implica reconstruir.

El sueño, las emociones, la atención y nuestras experiencias anteriores participan en ese proceso. Por eso una canción puede devolvernos a un lugar que creíamos olvidado, mientras que el nombre de alguien que acabamos de conocer puede desaparecer de nuestra cabeza en cuestión de minutos.

Quizá una de las ideas más interesantes sea precisamente esta: una buena memoria no consiste en conservarlo absolutamente todo.

Nuestro cerebro necesita recordar lo importante, relacionarlo con lo que ya sabemos y dejar desaparecer parte de lo demás.

En cierto modo, olvidar también es una forma de recordar mejor.


Este artículo forma parte de la sección de Ciencia y naturaleza, integrada en nuestra guía completa de Curiosidades, donde explicamos fenómenos sorprendentes y descubrimientos que nos ayudan a entender mejor el mundo.

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