La vida, tal como la experimentamos, no siempre responde a los esfuerzos que hacemos. A pesar de que muchas sociedades promueven la idea de la meritocracia, la realidad nos demuestra que no siempre obtenemos aquello que, en teoría, merecemos. Esto se debe a factores externos que escapan a nuestro control, como el origen, la posición económica, o incluso los contactos personales.
Los Esfuerzos No Siempre Garantizan Éxito
Desde una perspectiva impersonal, muchas personas pasan gran parte de su vida trabajando arduamente, formándose tanto a nivel profesional como personal, y aún así no logran alcanzar posiciones de éxito. A menudo, aquellos que han trabajado menos o que han contado con ventajas sociales—como tener conexiones o pertenecer a familias adineradas—terminan en posiciones de poder o éxito sin haber recorrido el mismo camino de esfuerzo. Este fenómeno evidencia una de las grandes injusticias de la vida: los que llegan a lo más alto frecuentemente lo hacen más por privilegios heredados o por su capacidad de adaptarse al juego social que por sus méritos.
Desigualdad desde el Inicio
Algunos nacen en un entorno donde las oportunidades les son prácticamente servidas en bandeja de plata, mientras que otros deben luchar contra circunstancias adversas desde el comienzo. Para aquellos que no nacen en familias con recursos o conexiones, la vida se convierte en una serie interminable de obstáculos que deben superar solo para alcanzar un nivel de estabilidad básico. La vida es, en esencia, profundamente desigual y a menudo injusta. Muchos pueden pasar años esforzándose, adquiriendo experiencia y formación, pero si no tienen el “enchufe” adecuado o no saben cómo moverse en ciertos círculos sociales, pueden quedar estancados en su situación original.
La Fortuna y el “Hacer la Pelota”
Uno de los aspectos más frustrantes es la aparente ventaja de quienes han sabido “hacer la pelota”, es decir, ganarse el favor de los superiores o figuras de autoridad, o quienes simplemente nacen en una situación de privilegio. Estas personas, sin realizar el mismo esfuerzo o sacrificio, suelen disfrutar de una trayectoria ascendente que parece estar fuera del alcance de quienes han trabajado incansablemente desde temprana edad. El destino de muchas personas parece estar sellado más por su capacidad de construir relaciones estratégicas o por el dinero familiar que por el sudor de su frente.
La Falta de Equidad
En el ámbito laboral, este tipo de situaciones se hace evidente. Dos personas pueden haber trabajado el mismo tiempo, en las mismas condiciones, pero mientras una avanza debido a factores ajenos a su esfuerzo (como contactos o privilegios), la otra queda rezagada. Esta falta de equidad es una de las manifestaciones más crudas de la injusticia de la vida. No importa cuánto se haya invertido en formación, habilidades o dedicación; sin los “factores externos” adecuados, es posible que el camino al éxito se cierre de manera arbitraria.
Conclusión
La vida no sigue una lógica justa, y aquellos que logran alcanzar sus objetivos muchas veces lo hacen más por cuestiones de azar o conexiones que por un esfuerzo directamente proporcional al resultado obtenido. La clave está en reconocer esta realidad, aunque sea dolorosa, y encontrar maneras de seguir adelante, buscando siempre nuevas oportunidades, incluso cuando las circunstancias parecen estar en contra. Aunque la vida sea injusta, también puede ofrecernos momentos de inesperada belleza o logros que hacen que el viaje valga la pena.
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